Archivo para Abril 2006
Santiago no es Chile: ¡Papá, dame permiso para ser independiente!
Quiero puntuar acá un par de hechos que me impulsan a escribir en domingo:
1.- Hace varios meses que circulan en Conce unos afiches y una campaña bastante amplia impulsada por una corporación privada denominada Corbiobío. Su principal lema es “Santiago no es Chile”, y llevan tiempo en el tema de la regionalización (21 años). El hecho es que me metí al sitio web y encontré otros links a Federales (uno de sus miembros es Víctor Barrueto, ahora Intendente de Santiago… ¡plop!), a Conarede, a Pro-O’Higgins, etc. Todo eso con miles de personas que buscan de manera (des)interesada aumentar la descentralización en Chile, procurando informar a ciudadanos y sumar instituciones. El alegato no es sólo por dinero, sino también por la representabilidad política que se puede alcanzar al respecto. Su vía de acción principal es demandar a Santiago, el “poder central”, que acceda a sus demandas pro-región…
2.- Por estos días se acaba de crear dos regiones más en nuestro país (la numeración quedó un poco loca, pero es entretenido…, además, para qué tan ordenados); y la discusión principal de las primeras horas, entre los medios de comunicación y el Ministro del Interior no tenía que ver con los beneficios prácticos de su creación, sino con ver cómo hacer con los cupos senatoriales. Pero además, saltaron voces pidiendo al Gobierno Central la creación de otras regiones nuevas o de macro-regiones (justamente lo dijo Claudio Lapostól, de Corbiobio…).
3.- Durante esta semana, y coincidiendo (?) con discusiones acerca de la escasez de energía en Chile, se descubre un gran yacimiento de gas natural en Tierra del Fuego. Se cubriría las demandas de toda aquella región, y si hay bastante, tal vez se lleve el recurso a otros lugares del país, según dijo la presidenta. ¿Se llevará energía a Santiago? ¿se llevará a regiones aledañas? Nadie sabe hasta ahora.
Creo que estos puntos comparten como eje central un tema paradójico e irrisorio. Las demandas regionalistas, tal como son formuladas, suenan al grito de un adolescente que le pide a su padre que le dé más independencia. Lo que digo es que un adolescente al “pedirle permiso” no está sino afirmando su problema de dependencia con la figura de autoridad, y que por el contrario, deja de ser adolescente cuando consolida una identidad propia, cuando ya no interesa si el papá da o no permiso, cuando solamente “avisa” que llega o que no llega a casa en la noche, cuando tiene suficiente autonomía para darse cuenta que su padre puede ser un excelente colaborador de su propia adultez.

Yo creo que las regiones aún no hemos encontrado la fórmula para hacer que nuestras demandas de descentralización sean asumidas como desafíos internos, y no como problemas que “el papá Santiago” solucionará para nosotros. Si queremos que se nos respete en nuestra riqueza regional, entonces tenemos que ponernos la camiseta por el territorio, con todo lo que eso implica, y generar la alternativa desde acá mismo, sin esperar que nos satisfagan en nuestras rabietas infantiles.
Y no tengo ganas de hacer propuestas al respecto. Ni un solo planteamiento. No por falta de ideas, sino por el deseo de que cualquier vía de acción surja de la reunión de intereses colectivos y ciudadanos. Dicho en otras palabras: que surja la inquietud en quien lea y se la plantee a un amigo y de ahí salga algo práctico que hacer para no tomar más en cuenta a ese papá ingrato llamado Santiago y que todavía depende de nosotros y de nuestro trabajo…
Desde la abadía
Ricardo I.
Extrayendo cuentos
Claro. Tuve que sacarlos de su anonimato. Ahí están: trozos de relato, minicuentos casi perdidos, que aún albergo en mis dedos como hijos preclaros de mis tinieblas sobradamente elocuentes.

Ahí están. No necesitan comentarios. “Leyendo a los que leen” y “Antes que el deseo, me prefirió la muerte” son dos escenas de lo probable, de amor tortuoso en impecable ejecución más allá de una cama húmeda o fértil. De lo misterioso que puede ser un cada día o un para siempre.
Una mujer cotidiana que se pierde en un bosque no es la misma mujer urbana que se escurre de la mirada, como queriendo tornarse perversa, pero bien podría ser una ninfa que anuncia la primavera. O que huye del invierno. Veré como me la reinvento.
Desde la manía de este invierno avecinado
Ricardo I.
leyendo a los que leen
(Esto fue imaginado en el departamento de una mujer inmensa y perversa. Leyendo a los que leen, leo el relato de otros acerca de mi caída, aunque ellos jamás supieron ni sabrán lo genuino o encumbrado de su precipicio.)

…, me imaginé compareciendo ante tu empeño,
y me vi envuelto en los pequeños placeres que ello arrastraba.
Decidí (por qué no) escenas anteriores a que me empujaras.
Luego no quise desistir de mi mano en la baranda.
“No te dejaré caer” dijiste lenta y sonriente, mientras giraba
el mareo ya desde mi excitada manera
de rubricar tu departamento.
Tu mano en la cuerda que sostenía mi pie izquierdo
me arrastró un par de centímetros
hasta que llegué a incorporarme y besé tus labios.
Quizá porque era lo único que podría realmente sostenerme.
Ricardo I.
Publicado como mensaje el 14 de Diciembre de 2004 en http://www.leyendo.com.ar
Antes que el deseo
Antes que el deseo… (o cuanto puede mi dolor sin dolor escurrirse entre la sangre inacabable):
A veces rompía con mis dientes.
A veces mordía sin cesar el augurio de tu espejo antes de llegar a verte desnuda. A veces, de tanto en tanto, pretendía no errar antes de de llegar.
Sin embargo, creo haber conquistado el himen, y sin gobierno haber retornado a la locura. Desde ahí fue posible que muriera de ferviente deseo, pero justo al llegar me prefirió la muerte para sí, rotas mis carnes con tu espejo roto.
Ricardo I.
Publicado como mensaje el 15 de Septiembre de 2004 en http://www.leyendo.com.ar
Dos libertarios…
Bueno. La cosa está en jugar ¿sabes? A veces se portan mejor. A veces, quién diría…

Pero otras tantas veces, bueno sólo hay que decirles “amén”. Después de todo, son ellos los que mandan. Son como las palabras: son ellos los que suben y los que bajan, los que escogen el camino y el dueño, el pavo o el pescado. A veces es un largo “Rrrrrrrrrrr…” y otras veces es la total indiferencia.
Entonces, dan ganas de convertirse en uno. Ojalá con todas las de la ley, y salir peludamente a navegar los pastos, los jardines, los entretechos, los tejados, las panderetas que siempre colaboran en establecer rutas alternativas, alfombras majestuosas para tan eternos reyes domésticos. 
Hay que concederles la magia de su mirada: nadie mira las cosas como ellos. O quizá, hay que envidiar francamente su elegancia ineludible (por más que lo intenten, se nota de lejos que provienen de familias finísimas y perdidas en la noche de la aristocracia de mayor abolengo…).
Tampoco nadie puede llegar a adivinar qué es lo que les quita el sueño. O qué es lo que se los provoca, tanto y tan intensamente. Pero debe ser la libertad, la verdadera libertad que les recorre, bigote tras bigote, hasta salir a correr tras la vida.
Desde la Abadía
Ricardo I.
PS: El de arriba es Don Nino, el gato inmenso de una mujer inmensa. La otra es la Srta. Filomena, la novedosa felina que inunda con su cola los rincones de mi casa.
Ocho segundos y medio
Cuando escribo no lo hago para pontificar. Cuando escribo quiero que alguien discrepe. Cuando escribo no quiero ser leído, sino que lanzo una excusa de conversación. Yo creo sinceramente que en ese ejercicio, hecho en un tiempo de, digamos, ocho segundos y medio, se puede hacer consciencia de cosas importantes o no.
Claro. Porque por ahí me pueden decir “a qué tanta alharaca, tanto reclamo…, escribiendo y criticando, pero te quedas donde mismo…”
¿Qué hago entonces? ¿Me transformo en revolucionario? ¿Me pierdo en la desesperanza de que no hay nada cambiable. Y me respondo: ni lo uno ni lo otro. En ocho segundos y medio alcanzo a pensar que hay opciones intermedias.
Imaginar: alguien se levanta para ir a clases, o va al trabajo, o tiene un día de ocio. Y al pasar, ve alguna planta (una simple mata verde) o un gato cruzando la vereda.
Nada más. Nada menos.
En ocho segundos y medio alguien podría reflexionar acerca de que habitamos con otras especies en este planeta. Pero es poco probable. ¿Y qué tal si le dedicara esos ocho segundos a pensar en eso? ¿Qué tal si uno se pregunta el por qué en la tele no sale que en estos días se lleva a cabo en Brasil una Cumbre de la Biodiversidad? ¿Qué tal si en ocho segundos y medio me pregunto por qué hay tantas especies amenazadas en el mundo con desaparecer (se calculan 76 mil entre plantas y animales)? ¿Qué tal si aprovecho ese lapso para pensar por qué no se puede cumplir la meta de esa misma cumbre de financiar su protección de especies de aquí al 2010?
Eso solamente. En ocho segundos y medio.
Alguien dirá “pero no basta con pensar y meditar y reflexionar…, dónde está la acción”. Yo digo que mi acción más comprometida empieza cada día, al informarme. Por ejemplo, a mí me impactó la muerte de los perros en La Moneda, y también me impactó el apaleo de focas en Canadá. Pero SETENTA Y SEIS MIL especies amenazadas con morir por la tala de bosques, la explotación minera, el calentamiento global…, es una información que al tenerla no me puede dejar indiferente.
¿Y qué hago entonces? ¿Cuál es mi propuesta o mi aporte? Personalmente, entiendo que es simple: le enseñaré a mis hijos que la competencia no es una tendencia natural entre las personas, que la vida humana vale tanto como la de una planta o un animal o una estrella o una galaxia, y que este es el único planeta que tenemos.
Pero más cotidianamente, trataré de encarnar eso en el día a día. Intentaré al menos hacer que mis actos sean una obra de arte, destinados a hacer consciencia de que este ancho planeta es un lugar agradable para vivir, y que no hay nada, pero absolutamente nada que sea más relevante que la VIDA así con mayúsculas. La realización de la vida, dure esta por años o por ocho segundos y medio, es la mejor acción posible que invito a construir.
Saludos desde la Abadía
Ricardo I.