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El Gran Concepción y la Gran Lluvia
Las últimas semanas me perdí, y sólo me alcanzó para exclamar, como tantas otras personas de acá de mi región, que el río Bío Bío (Octava Región de Chile, a 500 kilómetros al sur de Santiago) alcanzó cotas históricas.
Tengo mucho que decir acerca de todo. Primero, que nuestros tres puentes sobre el río son como los volcanes de “El Principito”: dos funcionan, y el otro está inactivo, pero está ahí a punto de ser usado siempre, porque…, ¡nunca se sabe!. Segundo, que el río, en su camino al mar, nos terminó asustando a todos, considerando que con sólo cincuenta centimetros más hubiera llegado al nivel de los puentes fluviales con que contamos. Tercero, que Concepción colinda con otras comunas, que tras la crecida del caudal, resultaron tremendamente afectadas, no sólo por la pérdida de viviendas y enseres, sino también por las pérdidas humanas. Chiguayante fue golpeado tremendamente, y hago alusión directa a los bomberos muertos bajo el alud de barro que cayó del cerro. Una gran parte de Hualqui quedó bajo el agua. Las fotos aéreas y de las calles de Concepción son una clara muestra de lo que vivimos invisiblemente hace tan solo una semana.
No contaría la historia completa si dejo de comentar el volumen de agua caída: 180 milímetros de precipitaciones en apenas 48 horas. ¿Si antes llovía así por estos lares?. Claro. Si no, miren lo que dice la Dirección Meteorológica de Chile, con respecto a la climatología de la Octava Región:
b. CLIMA TEMPLADO CALIDO CON UNA ESTACION SECA CORTA (MENOS DE 4 MESES).
Comprende la mayor parte de la Región, extendiéndose también desde la costa hasta la cordillera. La principal característica es una estación seca más corta, que alcanza 4 meses en Concepción, 3 meses en Coihueco y sólo un mes en Diguillín. Las precipitaciones son más abundantes que más al norte y varían desde unos 1.000 mm anuales al oriente de la Cordillera de la Costa hasta más de 3.000 mm en la cordillera, mayormente de carácter nival, pasando por 1.100 mm en Concepción, 1.140 mm en Talcahuano y 1.300 mm en Los Angeles y Mulchén. La precipitación de los meses de mayo a agosto, equivale a un 65% a 70% del total anual, lo que indica que el agua caída de la época de primavera y otoño es importante. En los meses de verano, diciembre a febrero, sólo llueve un 5% a 6% del total anual. El efecto que produce la Cordillera de la Costa, se nota aunque debilitado en esta Región, al observar los registros anuales de Concepción y Talcahuano, que superan los 1.100 mm y en cambio en Yumbel, detrás del cordón costero pero más al sur, ligeramente se superan los 1.000 mm.
Según la misma fuente, a estas alturas del año 2005 había llovido más todavía (según los datos de hoy, 20 de Julio de 2006, han caído 825 mm., lo normal es 655, y el año pasado a la fecha habían caído 905). Claramente, los estragos no fueron iguales el año pasado. ¿Por qué? ¿Qué cambió esta vez?
En realidad, no mucho. El foco esta vez se dignó a aparecer, y a mostrar (o sobre-explotar) los “dramas humanos” sin ningún tipo de censura. Un ejemplo aparte del de los bomberos: a un carabinero se lo llevó el río, no una vez, sino todas las veces que pudieron repetirlo en todos los canales de televisión. Y ahora, en las labores de rescate, murió otro miembro de la policía…
¿Pero fue eso lo que marcó la diferencia? Yo creo que no.
Me parece que la diferencia es que, innegablemente, las represas hidroeléctricas de Endesa (Pangue y Ralco, varios kilómetros río arriba) están detrás de esta masacre. Porque la lluvia no ha cambiado, y lo que cambió fue el flujo de agua de nuestro río, aumentado por la apertura de las compuertas de los embalses. Yo creo, humildemente, y lamentablemente sin ninguna prueba técnica, que la deforestación de los cerros cercanos a Chiguayante y Hualqui, el reemplazo por plantaciones de pino, y la consiguiente erosión del suelo, es un factor coadyuvante importante en la configuración de toda la tragedia vivida.
Lejísimos de acá, en Aysén (Región Undécima, más al sur aún que Concepción) ya están tratando de manifestarse por las pérdidas de viviendas, sembradíos y todo lo demás asociado. Muchos parlamentarios aprovechan los focos para ponerse del lado de los afectados. Acá en Concepción, ya hubo manifestaciones frente a la Intendencia, la mismísima sede del Gobierno Regional frente a la Plaza de la Independencia (aunque eso es más o menos habitual). Y en Lota y Coronel las subidas de agua también generaron consecuencias, especialmente en Colcura.
No sería bueno que las voces perdieran fuerza, no señor. Si así fuera, la lluvia y a inundación se convertiría en otro hito noticioso sin importancia. Y las noticias que pasaron por debajo y sin propaganda (la dudosa aprobación de un nuevo Casino de juegos para Talcahuano, las conexiones de Pinochet con el narcotráfico, las reformas económicas en curso…) se habrán aprovechado de nuestra mirada nublada por el llanto y la lluvia.
Entonces, a la acción blogger. Que esto no se quede acá, y escribamos nuestras opiniones al respecto. Hablemos con amigos de este asunto, para que la muerte de aquellas personas bajo el barro no sea en vano. Alguien (o un gran grupo humano si se puede, sin intereses comprados o arrendados), tiene que hacer algo para detener el actuar criminal de quienes nos han alterado el paisaje.
Desde la Abadía
Ricardo I.
PS: Saludos a Conce.net, que ha canalizado la ayuda para los damnificados, y saludos también a Inundaciones Conce 2006, y que ojalá los comentarios de todos sirvan como crisol para mantener el tema vigente. Se recibe ideas para que la noticia no muera. R.
Santiago no es Chile: ¡Papá, dame permiso para ser independiente!
Quiero puntuar acá un par de hechos que me impulsan a escribir en domingo:
1.- Hace varios meses que circulan en Conce unos afiches y una campaña bastante amplia impulsada por una corporación privada denominada Corbiobío. Su principal lema es “Santiago no es Chile”, y llevan tiempo en el tema de la regionalización (21 años). El hecho es que me metí al sitio web y encontré otros links a Federales (uno de sus miembros es Víctor Barrueto, ahora Intendente de Santiago… ¡plop!), a Conarede, a Pro-O’Higgins, etc. Todo eso con miles de personas que buscan de manera (des)interesada aumentar la descentralización en Chile, procurando informar a ciudadanos y sumar instituciones. El alegato no es sólo por dinero, sino también por la representabilidad política que se puede alcanzar al respecto. Su vía de acción principal es demandar a Santiago, el “poder central”, que acceda a sus demandas pro-región…
2.- Por estos días se acaba de crear dos regiones más en nuestro país (la numeración quedó un poco loca, pero es entretenido…, además, para qué tan ordenados); y la discusión principal de las primeras horas, entre los medios de comunicación y el Ministro del Interior no tenía que ver con los beneficios prácticos de su creación, sino con ver cómo hacer con los cupos senatoriales. Pero además, saltaron voces pidiendo al Gobierno Central la creación de otras regiones nuevas o de macro-regiones (justamente lo dijo Claudio Lapostól, de Corbiobio…).
3.- Durante esta semana, y coincidiendo (?) con discusiones acerca de la escasez de energía en Chile, se descubre un gran yacimiento de gas natural en Tierra del Fuego. Se cubriría las demandas de toda aquella región, y si hay bastante, tal vez se lleve el recurso a otros lugares del país, según dijo la presidenta. ¿Se llevará energía a Santiago? ¿se llevará a regiones aledañas? Nadie sabe hasta ahora.
Creo que estos puntos comparten como eje central un tema paradójico e irrisorio. Las demandas regionalistas, tal como son formuladas, suenan al grito de un adolescente que le pide a su padre que le dé más independencia. Lo que digo es que un adolescente al “pedirle permiso” no está sino afirmando su problema de dependencia con la figura de autoridad, y que por el contrario, deja de ser adolescente cuando consolida una identidad propia, cuando ya no interesa si el papá da o no permiso, cuando solamente “avisa” que llega o que no llega a casa en la noche, cuando tiene suficiente autonomía para darse cuenta que su padre puede ser un excelente colaborador de su propia adultez.

Yo creo que las regiones aún no hemos encontrado la fórmula para hacer que nuestras demandas de descentralización sean asumidas como desafíos internos, y no como problemas que “el papá Santiago” solucionará para nosotros. Si queremos que se nos respete en nuestra riqueza regional, entonces tenemos que ponernos la camiseta por el territorio, con todo lo que eso implica, y generar la alternativa desde acá mismo, sin esperar que nos satisfagan en nuestras rabietas infantiles.
Y no tengo ganas de hacer propuestas al respecto. Ni un solo planteamiento. No por falta de ideas, sino por el deseo de que cualquier vía de acción surja de la reunión de intereses colectivos y ciudadanos. Dicho en otras palabras: que surja la inquietud en quien lea y se la plantee a un amigo y de ahí salga algo práctico que hacer para no tomar más en cuenta a ese papá ingrato llamado Santiago y que todavía depende de nosotros y de nuestro trabajo…
Desde la abadía
Ricardo I.