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Des-esperando y danza
Antes del grito, antes de la expresión pura, antes de mirar por la baranda a los barcos escaparse, antes de que todo irrumpa en un único sonido permanente en los oídos, antes de que las nubes se desplieguen, mirando cómo no hay mal más infalible que el bien inesperado.

(altruista paisaje
mirando la tarde
respirando entre el sombrero)
Rebusco entre tus ojos vacíos. No dices mi nombre para no agobiarme. Rebusco tu expresión helada, y reviso mis propias miradas ante tu desolación. Retorno. Vacío. Danza de vida menos enmascarada que la Luna, para descubrir lo novedoso como si se tratara de un mensaje traído a la luz por mil profetas futuros.

(Mírame sólamente. Cállame antes del beso.
que ahora es baile
pero mañana flores secas y mustias y resecas
para liberarte de mi recuerdo inútil.)
Entonces, para no gritar tu nombre, pospongo las cenizas en medio de tu tiempo. Después de tus sonidos, ya no valen las sonrisas y puedo retornar sin aviso a mi compromiso con tu destino. Retorno a tu amor rojo, a tu sutil rezongo ante mi duda, a tu impregnada sonrisa…

Retomar la danza. Volver al amor. Recurrir a la orilla de un paisaje constelado de obviedades para resumir en el las ideas que permanecen más lejos que una quimera rota. Retomar la danza, digo, porque de ese amor dibujado en el suelo habrá que sembrar lo bello y lo verosímil, sin opinar y abandonando el sosiego.
Ricardo I.
Recordando a Edward Munch
leyendo a los que leen
(Esto fue imaginado en el departamento de una mujer inmensa y perversa. Leyendo a los que leen, leo el relato de otros acerca de mi caída, aunque ellos jamás supieron ni sabrán lo genuino o encumbrado de su precipicio.)

…, me imaginé compareciendo ante tu empeño,
y me vi envuelto en los pequeños placeres que ello arrastraba.
Decidí (por qué no) escenas anteriores a que me empujaras.
Luego no quise desistir de mi mano en la baranda.
“No te dejaré caer” dijiste lenta y sonriente, mientras giraba
el mareo ya desde mi excitada manera
de rubricar tu departamento.
Tu mano en la cuerda que sostenía mi pie izquierdo
me arrastró un par de centímetros
hasta que llegué a incorporarme y besé tus labios.
Quizá porque era lo único que podría realmente sostenerme.
Ricardo I.
Publicado como mensaje el 14 de Diciembre de 2004 en http://www.leyendo.com.ar
Antes que el deseo
Antes que el deseo… (o cuanto puede mi dolor sin dolor escurrirse entre la sangre inacabable):
A veces rompía con mis dientes.
A veces mordía sin cesar el augurio de tu espejo antes de llegar a verte desnuda. A veces, de tanto en tanto, pretendía no errar antes de de llegar.
Sin embargo, creo haber conquistado el himen, y sin gobierno haber retornado a la locura. Desde ahí fue posible que muriera de ferviente deseo, pero justo al llegar me prefirió la muerte para sí, rotas mis carnes con tu espejo roto.
Ricardo I.
Publicado como mensaje el 15 de Septiembre de 2004 en http://www.leyendo.com.ar