extemporáneo

sigo al margen del tiempo

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¿Y si no cambiamos las cosas?

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Ya que hoy se conmemora otro aniversario de esa Toma de la Bastilla que apenas hizo ruido en los oídos del Rey y de la Reina, acá declaro mi más actual intención revolucionaria.

Quiero que las cosas sigan igual.

No quiero monarcas solucionándome las cosas. No quiero que los mercaderes me solucionen las cosas. No quiero soluciones militares. No quiero a Dios solucionando mis cosas.

No quiero que Santiago me solucione las cosas.

Yo no quiero que este país crezca. Porque cuando el país crece, en realidad crecen cinco grupos económicos del país y no el país, de tal manera que cuando se frena el crecimiento, nos inflamos todos. Y no quiero ni más ni menos inflación, y me dará lo mismo la inflación mientras me paguen en unidades de fomento.

No quiero cambio climático.

Yo no quiero emprender. No necesito emprender. No quiero que la gente emprenda para luego dejar todo su esfuerzo en prenda en un banco.

No quiero más universidades, porque las que hay antes deben subir su calidad o cuando menos generar conocimiento, que no lo hacen ni lo quieren hacer, y prefieren captar gente (no personas) interesadas en ganar dinero en lugar de hacer ciencia.

No quiero cambiar las cosas ni el estado de cosas, ni que el Estado cambie las cosas en el estado que sea que estén. No quiero voto voluntario, porque ni mi vida ni mi libertad es voluntaria: las tengo por derecho. Y no quiero renunciar a ninguno de mis derechos. Ni siquiera al de elegir a mis gobernantes.

No quiero que este país se las dé de “libre-mercadista” si en realidad los mercaderes quieren regulaciones cuando la economía les perjudica con los dólares baratos, pero las abominan cuando se trata de favorecer a sus trabajadores con un sueldo mínimo. No quiero, tampoco, ser “libre-mercadista”. Tampoco quiero Gobierno de Trabajadores, porque no creo que en este país haya gente trabajadora.

No quiero que digan que este Gobierno es de Izquierda, ni la Derecha diga que es liberal, ni que la Izquierda diga que acompaña al pueblo, si en realidad nadie sabe dónde está el pueblo.

No quiero candidatos que no son candidatos pintando paredes por vacíos legales. No quiero que anulen los graffitis que más me gustan de la ciudad por ver desconocidos nombres de personas que pocas veces dan cuenta de sus actos.

No quiero economistas proponiendo bajar el sueldo mínimo para aumentar el empleo, si ellos no pasan antes por la prueba de vivir un año con el sueldo mínimo para ganarse el título de economistas.

No quiero subsidios, porque soy una persona que tiene educación y capacidad de trabajo, así es que cedo mis subsidios a mis hermanos más pobres que no tienen cumplidos esos derechos.

No quiero automóvil para engordar o contaminar. Tampoco quiero mojarme demasiado bajo la lluvia.

No quiero ganar dinero con “células” que por joder exponencialmente a las personas más bien son cancerígenas. No quiero computadores baratos por error, porque no necesito ciencuenta computadores, y ni siquiera uno sólo porque ya tengo. No quiero crucificar ni mi decencia ni mi dignidad.

Quiero sinceridad si es que vamos a seguir igual. Sin mentiras. Sin exagerar. Y así entonces podremos decir que lo estamos haciendo pésimo y eso es todo.

Y quiero cambiar-me yo antes que exigir cambios al mundo.

Desde la Abadía (tarareando “You say you want a revolution…”)

Ricardo I.

Escrito por ricardoalarcon

14 dUTC Julio, 2008 a 4:38 am

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Podría ser la jornada

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fuego negro

Podría hoy experimentar el amor más allá de la piel, y estar más allá de la apertura del alma. Y hay árboles que me muestran un camino inacabado y me digo “claro, si es mi derecho a escuchar entre brisas…” y me sonrío de mi ingenua emoción.

Ayer por la tarde oí canciones. Pero no fue sino hasta que se inicio la madrugada cuando me apresté a caer sobre los brazos de mi amor. Ella (paciente, silenciosa, tirando de mis miradas) espero hasta lanzar su frase total. Yo fui tras sus sonidos y no supe ni quise regresar. Sostenido sigo en su aurora. Tropezado ha mi camino ante su calor. Me pierdo tanto y prefiero hacerlo.

Podría hoy. Podría ser la jornada del final. Podría ser la jornada del regreso. Mientras me fundo a fuego negro no tengo que más declarar.

Escrito por ricardoalarcon

4 dUTC Julio, 2008 a 3:00 am

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tal vez estaré aquí

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Mira: por la tarde estaba en el bus, mirando extrañamente unas tiendas a medio vaciar (es sábado de junio, sin lluvia, sin sol), y en la acera de enfrente dos personas, varones de cuarenta a cincuenta años cada cual, se golpeaban y boxeaban, se tironeaban sus ropas, se amenazaban y maldecían, se enrojecían, se volvían a golpear, y las personas de alrededor miraban extrañadas, avergonzadas ajenamente, divertidas algunas, asustadas las menos, y yo solo sentía crecientes deseos de bajar de mi asiento, de vomitar de asco, de gritar que les separaran, que alguien hiciera algo, pero nada pasaba y todo seguía ocurriendo.

Y no bajé y mi bus partió. Y la sensación de asco seguía muy fuerte. Y el nudo en mi estómago trató de amarrarse al paisaje, pero se soltó cuando las cuadras se sucedieron unas a otras.

Escucha: las cosas no tienen por qué ser así, y mientras tanto ahora te sientas agradado o sonriente, mantendremos las mismas condiciones inciertas, produciendo harapos y sin saber si pudimos intervenir mínimamente y para bien en la vida de otra(s) persona(s).

Entonces, cuando vuelva a amanecer, tal vez estaré aquí, cantando las andanzas de personas lejanas. Que se aman (quiera Dios) o que intentan hacerlo (duramente, piadosamente, gravemente, nuevamente).

Desde la abadía.

Ricardo I.

Escrito por ricardoalarcon

18 dUTC Junio, 2006 a 12:16 am

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Microbús mayo tardío

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Yo no sé si sigo en este oficio de deslindar paredes, de provocar desmanes, de asistir a mis propias experiencias visitadas por cualquier moroso lector. Después de todo, siento muy presente la improbabilidad de que alguien lea inmediatamente todo esto. No buscaré ni tiempos, ni referencias, ni apartados comunes. Ni siquiera procuraré la claridad que, dicho sea de paso, está para aumentar egos y abarrotar bibliotecas.

Sólo citaré hechos prometedores.

Miraste la ventana impaciente. Aire frío. Como retirando la mano para no congelarte de agravios o de recelos. Ahora, y ese es mi dolor, estás allí, lejana, enmascarada, en el asiento grasoso y soñoliento de este invierno inminente con rostro de microbús. Yo no sé verte ni tomarte ni repetirte en mi resto de jornada, pero por cuanto soñemos, será la oportunidad de verte otra vez, sin tocar siquiera las ventanas o mencionándote mentalmente la idea de afirmarte para no caer en el trayecto, como si fuera posible no asirse de la realidad cuando viajamos antes del sol…

Yo quiero ser el mismo que viajaba y miraba y pensaba estos vapores de lectura. Pero en ese instante era sólo la observación. Habitual caso, si se quiere.

Otro día antes de la suerte.

Desde las alturas de mayo y tardío
Ricardo I.

Escrito por ricardoalarcon

22 dUTC Mayo, 2006 a 6:35 am

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Des-esperando y danza

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Antes del grito, antes de la expresión pura, antes de mirar por la baranda a los barcos escaparse, antes de que todo irrumpa en un único sonido permanente en los oídos, antes de que las nubes se desplieguen, mirando cómo no hay mal más infalible que el bien inesperado.

(altruista paisaje

mirando la tarde

respirando entre el sombrero)

Rebusco entre tus ojos vacíos. No dices mi nombre para no agobiarme. Rebusco tu expresión helada, y reviso mis propias miradas ante tu desolación. Retorno. Vacío. Danza de vida menos enmascarada que la Luna, para descubrir lo novedoso como si se tratara de un mensaje traído a la luz por mil profetas futuros.

(Mírame sólamente. Cállame antes del beso.

que ahora es baile

pero mañana flores secas y mustias y resecas

para liberarte de mi recuerdo inútil.)

Entonces, para no gritar tu nombre, pospongo las cenizas en medio de tu tiempo. Después de tus sonidos, ya no valen las sonrisas y puedo retornar sin aviso a mi compromiso con tu destino. Retorno a tu amor rojo, a tu sutil rezongo ante mi duda, a tu impregnada sonrisa…

Retomar la danza. Volver al amor. Recurrir a la orilla de un paisaje constelado de obviedades para resumir en el las ideas que permanecen más lejos que una quimera rota. Retomar la danza, digo, porque de ese amor dibujado en el suelo habrá que sembrar lo bello y lo verosímil, sin opinar y abandonando el sosiego.

Ricardo I.

Recordando a Edward Munch

Escrito por ricardoalarcon

3 dUTC Mayo, 2006 a 10:03 pm

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Extrayendo cuentos

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Claro. Tuve que sacarlos de su anonimato. Ahí están: trozos de relato, minicuentos casi perdidos, que aún albergo en mis dedos como hijos preclaros de mis tinieblas sobradamente elocuentes.

Ahí están. No necesitan comentarios. “Leyendo a los que leen” y “Antes que el deseo, me prefirió la muerte” son dos escenas de lo probable, de amor tortuoso en impecable ejecución más allá de una cama húmeda o fértil. De lo misterioso que puede ser un cada día o un para siempre.

Una mujer cotidiana que se pierde en un bosque no es la misma mujer urbana que se escurre de la mirada, como queriendo tornarse perversa, pero bien podría ser una ninfa que anuncia la primavera. O que huye del invierno. Veré como me la reinvento.

Desde la manía de este invierno avecinado

Ricardo I.

Escrito por ricardoalarcon

11 dUTC Abril, 2006 a 12:24 am

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leyendo a los que leen

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(Esto fue imaginado en el departamento de una mujer inmensa y perversa. Leyendo a los que leen, leo el relato de otros acerca de mi caída, aunque ellos jamás supieron ni sabrán lo genuino o encumbrado de su precipicio.)

…, me imaginé compareciendo ante tu empeño,
y me vi envuelto en los pequeños placeres que ello arrastraba.
Decidí (por qué no) escenas anteriores a que me empujaras.

Luego no quise desistir de mi mano en la baranda.
“No te dejaré caer” dijiste lenta y sonriente, mientras giraba
el mareo ya desde mi excitada manera
de rubricar tu departamento.

Tu mano en la cuerda que sostenía mi pie izquierdo
me arrastró un par de centímetros
hasta que llegué a incorporarme y besé tus labios.

Quizá porque era lo único que podría realmente sostenerme.

Ricardo I.

Publicado como mensaje el 14 de Diciembre de 2004 en http://www.leyendo.com.ar

Escrito por ricardoalarcon

11 dUTC Abril, 2006 a 12:22 am

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Antes que el deseo

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Antes que el deseo… (o cuanto puede mi dolor sin dolor escurrirse entre la sangre inacabable):
A veces rompía con mis dientes.

A veces mordía sin cesar el augurio de tu espejo antes de llegar a verte desnuda. A veces, de tanto en tanto, pretendía no errar antes de de llegar.

Sin embargo, creo haber conquistado el himen, y sin gobierno haber retornado a la locura. Desde ahí fue posible que muriera de ferviente deseo, pero justo al llegar me prefirió la muerte para sí, rotas mis carnes con tu espejo roto.

Ricardo I.

Publicado como mensaje el 15 de Septiembre de 2004 en http://www.leyendo.com.ar

Escrito por ricardoalarcon

11 dUTC Abril, 2006 a 12:12 am

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Caballo de Río

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¡Qué difícil es la tarea de sacar mi hipopótamo del pantano! He probado con helicópteros, grúas, dispositivos especilizados para hipopótamos, pero por más que intento, nada de nada, y el hipopótamo sigue donde mismo. A veces me mira con ojos de hambre y yo solamente atino a lanzarle silencios y ramas para que coma. Y entonces, en lo máximo de mi apuro, me rebelo ante la andanada del destino.

Mi gato me observa también, pero no me comprende. “¿Para qué quieres un caballo de río?”, me dice al tiempo que mueve su cola (Como él habla griego me traduce casi literalmente todas las palabras que incluyen raíces helénicas). Entonces, yo con mi habitual cara de simio, le digo “¡Tú no entiendes! No sabes nada de cosas imposibles…” Mi gato sonríe, obviamente, y contempla la triste tarde.

Porque no es cosa mía solamente. Imagínate que puede ser peor, me digo, y ser que mi hipopótamo sea pariente de otro hipopótamo perdido por ahí, uno que pertenezca a otra persona. Entonces, la preocupación debería ser proporcional a la cantidad de parientes del hipopótamo. Y mi gato vuelve a sonreír con mis elucubraciones. “¡Mensajeros del cielo! -dice- Ayuden a este experto en el alma…”

Claro. Obviamente, me siento doblemente triste, porque en el alma sólo me queda el pesar de no lograr arrancar con habilidad mi hipopótamo del pantano.

Desde la abadía

Ricardo I.

Escrito por ricardoalarcon

29 dUTC Marzo, 2006 a 4:03 pm

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Fue la música

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Fue la música, el canto vivo, el reclamo del aire.

Fue la música, mis manos refugiadas contra el cuero.

Fue la música, el metal bruñido y la madera templada.

Fue la música, a pesar de mi alma pesarosa y mi voz de plata.

Fue la música, junto al invierno, más acá del camino.

Fue la música, antes del cielo, antes del abismo.

Fue la música, y luna nueva, pero siempre la misma.

Fue la música, y en silencio mi misteriosa agonía.

(Hoy fue la música, en una avenida de árboles, en plena Universidad. América invocada en nuestro canto, y desbordada entre las personas que nos vieron. Fue la música y una fiesta. Para mañana volver al tiempo como llega, antes de encontrar la prisa.)

Entre música y (rehaciendo) latidos

Ricardo I.

Escrito por ricardoalarcon

8 dUTC Septiembre, 2005 a 7:22 am

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