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Podría ser la jornada
Podría hoy experimentar el amor más allá de la piel, y estar más allá de la apertura del alma. Y hay árboles que me muestran un camino inacabado y me digo “claro, si es mi derecho a escuchar entre brisas…” y me sonrío de mi ingenua emoción.
Ayer por la tarde oí canciones. Pero no fue sino hasta que se inicio la madrugada cuando me apresté a caer sobre los brazos de mi amor. Ella (paciente, silenciosa, tirando de mis miradas) espero hasta lanzar su frase total. Yo fui tras sus sonidos y no supe ni quise regresar. Sostenido sigo en su aurora. Tropezado ha mi camino ante su calor. Me pierdo tanto y prefiero hacerlo.
Podría hoy. Podría ser la jornada del final. Podría ser la jornada del regreso. Mientras me fundo a fuego negro no tengo que más declarar.
Hubble
Somos protagonistas de una travesía impersonal que se desarrolla lejos, muy lejos de aquí. Somos un pueblo pequeñito, una mínima aldea entre trillones de millones de galaxias. Somos parte de imágenes sin nombre que hemos terminado nombrando y clasificando, solamente para disminuir nuestro temor ante el vacío.
Monocerotis, el cuerpo con forma de Firefox, es un ejemplo claro. El Hubble lo divisó hace tiempo ya. Pero acá hemos creado algo que se le parece y que ya tiene nombre. No es casual, ni intencional. Es la reproducción de lo más pequeño en lo más grande, lo tremendo y lo improbable sucediéndose a muchos años luz de distancia.
Tenemos testigos lejanos.
Desde la abadía.
Ricardo I.
¡Tengo sed!: El Agua en Chile
Hoy día es el Día Internacional del Agua. Claro. Cómo olvidarlo. Entre todos los elementos, el más veloz y fluido y poderoso. El preclaro destello de un par de átomos que, de paso, es lo que más tenemos en nuestro propio cuerpo (entre un 70 y un 90 por ciento, dependiendo de la edad y el género).
“El agua se vendió, y de las cañerías en el desierto he visto terminarse las gotas…”, nos decía Neruda en Oda al Aire. Y claro que tiene toda la razón, porque lo que se discute hoy día, en el Foro Mundial del Agua, es si se constituye el vital elemento en Derecho Humano. Por cierto, las almas codiciosas buscan sacarle provecho y mantener el agua potable en manos privadas, mientras que el 22% de la población mundial no tiene acceso a algo que para nosotros, en nuestro Chile, es tan común. Todavía.
Un bien escaso. Paradójico si consideramos que el 75% del planeta es liquido fundamental. El detalle es que no más de un 3% de toda esa masa es apta para beber. Entonces ¿cómo hacemos?
No lo sé. Supongo que las organizaciones ciudadanas tendrán que seguir manifestándose, porque es lo que se requiere. Por ejemplo, la Cuarta Región de nuestro país tiene serios problemas para la obtención de agua, y más encima, el negocio minero sólo arroja contaminantes, cancerígenos y demases.
Y más encima, en nuestro propio sur, con los desagües de las celulosas, el Tribunal Internacional del Agua se pronuncia en contra nuestra…
Bueno. Nuestra preocupación se centra en la maquilladora de la Presidenta, en los goles del fin de semana, en un apostador que muere por consumir alcohol a la velocidad del rayo… Yo, en lugar de tomar pisco y morirme, hubiera preferido tomar agua. Mientras se pueda. Porque así como vamos, la verdadera apuesta será poder encontrar algo de agua que no esté contaminada.
Desde la abadía
Ricardo I.
Fue la música
Fue la música, el canto vivo, el reclamo del aire.
Fue la música, mis manos refugiadas contra el cuero.
Fue la música, el metal bruñido y la madera templada.
Fue la música, a pesar de mi alma pesarosa y mi voz de plata.
Fue la música, junto al invierno, más acá del camino.
Fue la música, antes del cielo, antes del abismo.
Fue la música, y luna nueva, pero siempre la misma.
Fue la música, y en silencio mi misteriosa agonía.
(Hoy fue la música, en una avenida de árboles, en plena Universidad. América invocada en nuestro canto, y desbordada entre las personas que nos vieron. Fue la música y una fiesta. Para mañana volver al tiempo como llega, antes de encontrar la prisa.)
Entre música y (rehaciendo) latidos
Ricardo I.
Delincuencia y Opinión Pública
Durante la segunda semana de el año 2005 se publicó en Chile, en el Diario La Tercera (11 de Enero), los resultados de una encuesta telefónica llamada “Delincuencia y Opinión Pública”, realizada por la Fundación Paz Ciudadana, conocida en este país por su labor orientada a lanzar luz sobre el tema de la delincuencia.
Según esa publicación, el 61,6% de los chilenos cree que la delincuencia en el país ha aumentado en el último año, en tanto que otro 28,7% piensa que se ha mantenido y el 9,7% opina que los índices han disminuido.
En el mismo estudio, consultadas las personas acerca del futuro en materia de seguridad, el 51,8% de las personas encuestadas piensan que los delitos aumentarán, mientras que el 19,8% estima lo contrario. Por último, el informe reveló que 65,8% de los encuestados manifestó que en el último año la delincuencia ha sido más violenta que en años anteriores, mientras que el 7,9 cree lo opuesto.
La Tercera finaliza el artículo agregando que “Gonzalo Vargas, gerente general de Paz Ciudadana, explicó que la encuesta revela una contradicción entre la percepción de la población y las cifras reales de denuncias, que empíricamente han bajado en los últimos meses. Según el ejecutivo esto se explica porque la baja llega con cierto rezago a la opinión de la ciudadanía, algo que es responsabilidad de la clase política”
Hasta acá todo esto es la información emitida por los medios de comunicación. Más tarde, otros diarios revelaron más informaciones al respecto, y las consecuencias de estas cifras desde la Presidencia del país, desde el Ministerio del Interior y desde Carabineros.
Fuera del provecho político que pudiera llegar a haberse generado, mi parecer es que la explicación del gerente de Paz Ciudadana es, por lo menos, poco imaginativa, y obedece al tenor general que adquieren otras noticias en nuestro país. En Chile los problemas que son noticia (o sea “lo único que ocurre de importancia”) siempre terminan siendo responsabilidad del gobierno y/o de la clase política. No quiero erigirme en defensor de estos dos estamentos ni nada parecido. Sólo quisiera decir que me parecen explicaciones poco imaginativas.
Para resolver el tema, decidí preguntarle a alguien imaginativo, o mejor dicho, a varias personas más imaginativas. Así es que hice una mini-encuesta con cinco niños de hasta siete años. Y les pregunté acerca de asaltos y/ robos que ellos hubieran escuchado. Y ellos me contaron casos atroces, de secuestros y ataques, de armas y otras hierbas.
¿Cómo un niño de 7 años maneja tanta información? Y ellos me dieron la clave. Los hechos narrados no les sucedieron a sus familiares ni a conocidos. Los vieron “en la tele”.
Mi encuesta no es ni representativa ni científica. Ni siquiera espero que lo sea. Pero contagiado por la imaginación de esos niños, me atrevo a apostar que tras hacer un estudio serio al respecto no sería extraño encontrar que los casos más terribles que conocemos de delincuencia los hayamos visto “en la tele”.
Luego de eso, no entiendo cómo a nadie se le ocurre que las personas aprendemos por observación, que nuestras percepciones no están mediadas necesariamente por experiencias directas, sino también modeladas desde agentes socializadores de mayor largo alcance que la familia o los amigos del barrio. Ese día, tras la noticia, nadie recordó hablar de la responsabilidad de los medios de comunicación en las percepciones de la población.
Pero también es lógico. No es muy a menudo que los medios de comunicación se comen la cola a sí mismos o hacen ejercicios de auto-observación. Lo que interesa es ampliar la cobertura de noticias que sean “pop”. Eso “vende” (o por lo menos, eso es lo que nos informan). Quien haya visto “Bowling for Columbine” recordará que este fenómeno sucede también en Estados Unidos.Así es que por ahora, tendremos que aceptar que somos un país con mala información, o informado a medias. Tendremos que esperar que la población, ojalá pronto, se dé cuenta de que a veces los datos reales van en una dirección distinta de la que sugieren la mayoría de los noticiarios.

