extemporáneo

sigo al margen del tiempo

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tal vez estaré aquí

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Mira: por la tarde estaba en el bus, mirando extrañamente unas tiendas a medio vaciar (es sábado de junio, sin lluvia, sin sol), y en la acera de enfrente dos personas, varones de cuarenta a cincuenta años cada cual, se golpeaban y boxeaban, se tironeaban sus ropas, se amenazaban y maldecían, se enrojecían, se volvían a golpear, y las personas de alrededor miraban extrañadas, avergonzadas ajenamente, divertidas algunas, asustadas las menos, y yo solo sentía crecientes deseos de bajar de mi asiento, de vomitar de asco, de gritar que les separaran, que alguien hiciera algo, pero nada pasaba y todo seguía ocurriendo.

Y no bajé y mi bus partió. Y la sensación de asco seguía muy fuerte. Y el nudo en mi estómago trató de amarrarse al paisaje, pero se soltó cuando las cuadras se sucedieron unas a otras.

Escucha: las cosas no tienen por qué ser así, y mientras tanto ahora te sientas agradado o sonriente, mantendremos las mismas condiciones inciertas, produciendo harapos y sin saber si pudimos intervenir mínimamente y para bien en la vida de otra(s) persona(s).

Entonces, cuando vuelva a amanecer, tal vez estaré aquí, cantando las andanzas de personas lejanas. Que se aman (quiera Dios) o que intentan hacerlo (duramente, piadosamente, gravemente, nuevamente).

Desde la abadía.

Ricardo I.

Escrito por ricardoalarcon

18 dUTC Junio, 2006 a 12:16 am

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no podré igualarme a la lluvia

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Hoy Alonso abrió sus ojos de nuevo. Hoy Filomena se desesperó con mi mano. Hoy volví a escribir sin prisas ni nostalgias, avivando los meses que se avecinan.

Si me inicio como un relámpago las horas de este día, no podré igualarme a la lluvia. Ella sabe caer con gracia, plenitud anciana, apropiándose de la tierra como si no faltara más que llover. Es así que esta contemplación del ocio me llena tanto, me hace sereno y apetecidamente propio, sin estancar mi brisa en opulencia, porque la magia yace tras cada gota.

(Si llueve la gente se pone a cubierto; si llueve el pasto parece contento…)

Buscando casa, buscando risas, buscando anillos nuevos. Buscando rincones, buscando ausencias para llenar sin domingos antiguos. Buscando encuentros.

Buscando historias sin precio. Buscando revivir de alegorías. Buscando la música que llene más el alma antes que se nos haga de nuevo presente la tarde.

Bien dice el amigo Gonzalo que hay que “musiciar”. Veremos que pasa luego.

Desde la Abadía.

Ricardo I.

Escrito por ricardoalarcon

5 dUTC Junio, 2006 a 7:18 am

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Microbús mayo tardío

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Yo no sé si sigo en este oficio de deslindar paredes, de provocar desmanes, de asistir a mis propias experiencias visitadas por cualquier moroso lector. Después de todo, siento muy presente la improbabilidad de que alguien lea inmediatamente todo esto. No buscaré ni tiempos, ni referencias, ni apartados comunes. Ni siquiera procuraré la claridad que, dicho sea de paso, está para aumentar egos y abarrotar bibliotecas.

Sólo citaré hechos prometedores.

Miraste la ventana impaciente. Aire frío. Como retirando la mano para no congelarte de agravios o de recelos. Ahora, y ese es mi dolor, estás allí, lejana, enmascarada, en el asiento grasoso y soñoliento de este invierno inminente con rostro de microbús. Yo no sé verte ni tomarte ni repetirte en mi resto de jornada, pero por cuanto soñemos, será la oportunidad de verte otra vez, sin tocar siquiera las ventanas o mencionándote mentalmente la idea de afirmarte para no caer en el trayecto, como si fuera posible no asirse de la realidad cuando viajamos antes del sol…

Yo quiero ser el mismo que viajaba y miraba y pensaba estos vapores de lectura. Pero en ese instante era sólo la observación. Habitual caso, si se quiere.

Otro día antes de la suerte.

Desde las alturas de mayo y tardío
Ricardo I.

Escrito por ricardoalarcon

22 dUTC Mayo, 2006 a 6:35 am

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Des-esperando y danza

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Antes del grito, antes de la expresión pura, antes de mirar por la baranda a los barcos escaparse, antes de que todo irrumpa en un único sonido permanente en los oídos, antes de que las nubes se desplieguen, mirando cómo no hay mal más infalible que el bien inesperado.

(altruista paisaje

mirando la tarde

respirando entre el sombrero)

Rebusco entre tus ojos vacíos. No dices mi nombre para no agobiarme. Rebusco tu expresión helada, y reviso mis propias miradas ante tu desolación. Retorno. Vacío. Danza de vida menos enmascarada que la Luna, para descubrir lo novedoso como si se tratara de un mensaje traído a la luz por mil profetas futuros.

(Mírame sólamente. Cállame antes del beso.

que ahora es baile

pero mañana flores secas y mustias y resecas

para liberarte de mi recuerdo inútil.)

Entonces, para no gritar tu nombre, pospongo las cenizas en medio de tu tiempo. Después de tus sonidos, ya no valen las sonrisas y puedo retornar sin aviso a mi compromiso con tu destino. Retorno a tu amor rojo, a tu sutil rezongo ante mi duda, a tu impregnada sonrisa…

Retomar la danza. Volver al amor. Recurrir a la orilla de un paisaje constelado de obviedades para resumir en el las ideas que permanecen más lejos que una quimera rota. Retomar la danza, digo, porque de ese amor dibujado en el suelo habrá que sembrar lo bello y lo verosímil, sin opinar y abandonando el sosiego.

Ricardo I.

Recordando a Edward Munch

Escrito por ricardoalarcon

3 dUTC Mayo, 2006 a 10:03 pm

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Extrayendo cuentos

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Claro. Tuve que sacarlos de su anonimato. Ahí están: trozos de relato, minicuentos casi perdidos, que aún albergo en mis dedos como hijos preclaros de mis tinieblas sobradamente elocuentes.

Ahí están. No necesitan comentarios. “Leyendo a los que leen” y “Antes que el deseo, me prefirió la muerte” son dos escenas de lo probable, de amor tortuoso en impecable ejecución más allá de una cama húmeda o fértil. De lo misterioso que puede ser un cada día o un para siempre.

Una mujer cotidiana que se pierde en un bosque no es la misma mujer urbana que se escurre de la mirada, como queriendo tornarse perversa, pero bien podría ser una ninfa que anuncia la primavera. O que huye del invierno. Veré como me la reinvento.

Desde la manía de este invierno avecinado

Ricardo I.

Escrito por ricardoalarcon

11 dUTC Abril, 2006 a 12:24 am

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leyendo a los que leen

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(Esto fue imaginado en el departamento de una mujer inmensa y perversa. Leyendo a los que leen, leo el relato de otros acerca de mi caída, aunque ellos jamás supieron ni sabrán lo genuino o encumbrado de su precipicio.)

…, me imaginé compareciendo ante tu empeño,
y me vi envuelto en los pequeños placeres que ello arrastraba.
Decidí (por qué no) escenas anteriores a que me empujaras.

Luego no quise desistir de mi mano en la baranda.
“No te dejaré caer” dijiste lenta y sonriente, mientras giraba
el mareo ya desde mi excitada manera
de rubricar tu departamento.

Tu mano en la cuerda que sostenía mi pie izquierdo
me arrastró un par de centímetros
hasta que llegué a incorporarme y besé tus labios.

Quizá porque era lo único que podría realmente sostenerme.

Ricardo I.

Publicado como mensaje el 14 de Diciembre de 2004 en http://www.leyendo.com.ar

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11 dUTC Abril, 2006 a 12:22 am

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Antes que el deseo

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Antes que el deseo… (o cuanto puede mi dolor sin dolor escurrirse entre la sangre inacabable):
A veces rompía con mis dientes.

A veces mordía sin cesar el augurio de tu espejo antes de llegar a verte desnuda. A veces, de tanto en tanto, pretendía no errar antes de de llegar.

Sin embargo, creo haber conquistado el himen, y sin gobierno haber retornado a la locura. Desde ahí fue posible que muriera de ferviente deseo, pero justo al llegar me prefirió la muerte para sí, rotas mis carnes con tu espejo roto.

Ricardo I.

Publicado como mensaje el 15 de Septiembre de 2004 en http://www.leyendo.com.ar

Escrito por ricardoalarcon

11 dUTC Abril, 2006 a 12:12 am

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Dos libertarios…

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Bueno. La cosa está en jugar ¿sabes? A veces se portan mejor. A veces, quién diría…

Pero otras tantas veces, bueno sólo hay que decirles “amén”. Después de todo, son ellos los que mandan. Son como las palabras: son ellos los que suben y los que bajan, los que escogen el camino y el dueño, el pavo o el pescado. A veces es un largo “Rrrrrrrrrrr…” y otras veces es la total indiferencia.
Entonces, dan ganas de convertirse en uno. Ojalá con todas las de la ley, y salir peludamente a navegar los pastos, los jardines, los entretechos, los tejados, las panderetas que siempre colaboran en establecer rutas alternativas, alfombras majestuosas para tan eternos reyes domésticos.
Hay que concederles la magia de su mirada: nadie mira las cosas como ellos. O quizá, hay que envidiar francamente su elegancia ineludible (por más que lo intenten, se nota de lejos que provienen de familias finísimas y perdidas en la noche de la aristocracia de mayor abolengo…).
Tampoco nadie puede llegar a adivinar qué es lo que les quita el sueño. O qué es lo que se los provoca, tanto y tan intensamente. Pero debe ser la libertad, la verdadera libertad que les recorre, bigote tras bigote, hasta salir a correr tras la vida.

Desde la Abadía

Ricardo I.

PS: El de arriba es Don Nino, el gato inmenso de una mujer inmensa. La otra es la Srta. Filomena, la novedosa felina que inunda con su cola los rincones de mi casa.

Escrito por ricardoalarcon

4 dUTC Abril, 2006 a 7:12 am

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Ocho segundos y medio

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Cuando escribo no lo hago para pontificar. Cuando escribo quiero que alguien discrepe. Cuando escribo no quiero ser leído, sino que lanzo una excusa de conversación. Yo creo sinceramente que en ese ejercicio, hecho en un tiempo de, digamos, ocho segundos y medio, se puede hacer consciencia de cosas importantes o no.

Claro. Porque por ahí me pueden decir “a qué tanta alharaca, tanto reclamo…, escribiendo y criticando, pero te quedas donde mismo…”

¿Qué hago entonces? ¿Me transformo en revolucionario? ¿Me pierdo en la desesperanza de que no hay nada cambiable. Y me respondo: ni lo uno ni lo otro. En ocho segundos y medio alcanzo a pensar que hay opciones intermedias.

Imaginar: alguien se levanta para ir a clases, o va al trabajo, o tiene un día de ocio. Y al pasar, ve alguna planta (una simple mata verde) o un gato cruzando la vereda.

Nada más. Nada menos.

En ocho segundos y medio alguien podría reflexionar acerca de que habitamos con otras especies en este planeta. Pero es poco probable. ¿Y qué tal si le dedicara esos ocho segundos a pensar en eso? ¿Qué tal si uno se pregunta el por qué en la tele no sale que en estos días se lleva a cabo en Brasil una Cumbre de la Biodiversidad? ¿Qué tal si en ocho segundos y medio me pregunto por qué hay tantas especies amenazadas en el mundo con desaparecer (se calculan 76 mil entre plantas y animales)? ¿Qué tal si aprovecho ese lapso para pensar por qué no se puede cumplir la meta de esa misma cumbre de financiar su protección de especies de aquí al 2010?

Eso solamente. En ocho segundos y medio.

Alguien dirá “pero no basta con pensar y meditar y reflexionar…, dónde está la acción”. Yo digo que mi acción más comprometida empieza cada día, al informarme. Por ejemplo, a mí me impactó la muerte de los perros en La Moneda, y también me impactó el apaleo de focas en Canadá. Pero SETENTA Y SEIS MIL especies amenazadas con morir por la tala de bosques, la explotación minera, el calentamiento global…, es una información que al tenerla no me puede dejar indiferente.

¿Y qué hago entonces? ¿Cuál es mi propuesta o mi aporte? Personalmente, entiendo que es simple: le enseñaré a mis hijos que la competencia no es una tendencia natural entre las personas, que la vida humana vale tanto como la de una planta o un animal o una estrella o una galaxia, y que este es el único planeta que tenemos.

Pero más cotidianamente, trataré de encarnar eso en el día a día. Intentaré al menos hacer que mis actos sean una obra de arte, destinados a hacer consciencia de que este ancho planeta es un lugar agradable para vivir, y que no hay nada, pero absolutamente nada que sea más relevante que la VIDA así con mayúsculas. La realización de la vida, dure esta por años o por ocho segundos y medio, es la mejor acción posible que invito a construir.

Saludos desde la Abadía

Ricardo I.

Escrito por ricardoalarcon

1 dUTC Abril, 2006 a 3:30 am

Someramente

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Ahora se viene el cumpleaños de mi hermana. Pronto estaremos con ella, si el trabajo nos deja de morder y nos permite el disfrute de un fin de semana con ella. Pronto le llevaremos fotos de Filomena, le contaremos cómo se le echa de menos por este sur ancho y feraz, y le conversaremos de todo y de nada.
Quién sabe, hasta podríamos saludar a Sofía Elena, la nueva luz en la vida de Susana, y también contarle a ella de cómo es de hermosa la vida.

Desde Thélème

Ricardo I.

Escrito por ricardoalarcon

23 dUTC Marzo, 2006 a 12:58 am

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Navegando el año

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Claro. Empiezo a navegar el año. Ahora, de la mano del destino. Mi hermana menor en Viña. Con una gatita nueva que llamamos Filomena. Trabajando en varias cosas y casi en ninguna, buscando posibilidades de hacer clases. Buscando gente que necesite ayuda o un psicólogo, o ambas cosas. Ahora, y desde ahora, con ganas de hacer el ejercicio diario de reflexionar acerca de la vida (aunque esa en realidad es una costumbre vieja, tengo que admitirlo).

Pero por ahora, sólo nostalgia y felicidad por Soledad, allá en el litoral de la Quinta Región, cerca del puerto y de las playas, en medio de un cerro, con su amor y de la mano dibujando su propio camino. Saludos para ti, hermana. Pronto, imágenes exclusivas de los felinos que nos endulzan la vida.

Desde el Sur

Ricardo I.

Escrito por ricardoalarcon

9 dUTC Marzo, 2006 a 2:41 am

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Fue la música

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Fue la música, el canto vivo, el reclamo del aire.

Fue la música, mis manos refugiadas contra el cuero.

Fue la música, el metal bruñido y la madera templada.

Fue la música, a pesar de mi alma pesarosa y mi voz de plata.

Fue la música, junto al invierno, más acá del camino.

Fue la música, antes del cielo, antes del abismo.

Fue la música, y luna nueva, pero siempre la misma.

Fue la música, y en silencio mi misteriosa agonía.

(Hoy fue la música, en una avenida de árboles, en plena Universidad. América invocada en nuestro canto, y desbordada entre las personas que nos vieron. Fue la música y una fiesta. Para mañana volver al tiempo como llega, antes de encontrar la prisa.)

Entre música y (rehaciendo) latidos

Ricardo I.

Escrito por ricardoalarcon

8 dUTC Septiembre, 2005 a 7:22 am

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