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sigo al margen del tiempo

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sigo fuera del tiempo

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Cuando en agosto de 2006 decidí trasladar todo lo que había escrito desde el 2004 a una página personal, pensaba que la internet iría a otra parte.

En ese entonces las redes sociales tipo MySpace o Tagged o Facebook estaban escribiéndose, y aún no se multiplicaban los servidores. Ubuntu estaba en su versión Edgy, Debian estaba pasando de Sarge a Etch, y OpenOffice.Org estaba sacando mejores versiones para Windows XP. No existía ni Vista, ni Leopard, ni iPhone, ni telefonía 3G. Además, no existía el Asus EEE, los notebooks eran carísimos, y las páginas que los vendían no erraban. Estábamos sorprendidos por la desaparición silenciosa de los Archivos Secretos X o la muerte de Friends y no había ninguna serie despampanante que ver que sucediera en una isla y nos llenara de elucubraciones internas.

Recuerdo que en ese tiempo yo era apenas soltero, y no era padre en el sentido literal de la palabra. Tocaba muchísima guitarra. Los blogs estaban en una etapa de explosión reciente. Yo había empezado a escribirfuera del tiempo en 2004, y lo sorprendente era que me leyeran. Y entonces cambiaron muchas cosas a nivel personal, y las circunstancias me llevaron a perderme fuera del tiempo.

Hoy sigo fuera del tiempo. Retomo este blog sin esperanzas, con muchos otros medios de comunicación fluyendo y cayendo, pero sin perder la capacidad de asombro. Quiero escribirlo todo de nuevo, pero sin filtros ni nada. Hablaré de lo que se me antoje, como siempre, sin órdenes mentales ni vacilación. Después de todo, aproveché todo 2007 para callar mis dedos. Ahora que es invierno veremos hasta dónde nos lleva la inercia.

Saludos desde la Abadía, mi recinto-escondite fuera del tiempo.

Ricardo I.

Escrito por ricardoalarcon

1 dUTC Julio, 2008 a 4:23 am

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Extrayendo cuentos

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Claro. Tuve que sacarlos de su anonimato. Ahí están: trozos de relato, minicuentos casi perdidos, que aún albergo en mis dedos como hijos preclaros de mis tinieblas sobradamente elocuentes.

Ahí están. No necesitan comentarios. “Leyendo a los que leen” y “Antes que el deseo, me prefirió la muerte” son dos escenas de lo probable, de amor tortuoso en impecable ejecución más allá de una cama húmeda o fértil. De lo misterioso que puede ser un cada día o un para siempre.

Una mujer cotidiana que se pierde en un bosque no es la misma mujer urbana que se escurre de la mirada, como queriendo tornarse perversa, pero bien podría ser una ninfa que anuncia la primavera. O que huye del invierno. Veré como me la reinvento.

Desde la manía de este invierno avecinado

Ricardo I.

Escrito por ricardoalarcon

11 dUTC Abril, 2006 a 12:24 am

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